Una mujer policía de KCPD casi murió por COVID. Está mejorando con la ayuda de la comunidad
READ MORE
Kansas City cop survived COVID-19, supported by West Side
Lisa Sidenstick, a KCPD officer and mother of four, was so sick a priest read her last rites. Now she faces a long road to recovery — but she’ll also have a lot of help from her family, fellow cops and West Side community.
Expand All
KCPD officer almost died of COVID. Now she recovers, helped by fellow cops, Hispanic community
‘Stealth omicron’ variant is unlikely to hit KC as hard as past variants, experts say
Una mujer policía de KCPD casi murió por COVID. Está mejorando con la ayuda de la comunidad
Kansas City police officer recovers after nearly dying of COVID
Nota del editor: Las entrevistas para este artículo fueron hechas en inglés y se han traducido al español. Read an English version of this story here.
El sacerdote entró solo al cuarto del hospital para rezar.
También le dio a Lisa Sidenstick los santos óleos.
Para este tiempo de febrero, la oficial con la policía de Kansas City y mamá de cuatro hijos había estado en coma inducido en el North Kansa City Hospital por casi un mes. Estaba en peligro de morir por COVID-19 y la esperanza de que se pudiera recuperar estaba disminuyendo.
Por varias semanas, su papá, Joe Arce, el fundador y editor del periódico KC Hispanic News, una publicación bilingüe, se estaba preparando para la muerte de su hija mayor.
“No sabíamos si ella iba a fallecer en cualquier momento”, dijo Arce.
La enfermedad de Sidenstick ocurrió en un momento cuando la mayoría del país estaba intentado olvidarse de la pandemia. No obstante, afectó a dos comunidades en Kansas City.
En el departamento de policía de Kansas City (KCPD), donde ella ha trabajado por nueve años y sus compañeros de trabajo la conocen como “Mama Lisa,” Sidenstick recibió una efusión de apoyo de varios oficiales, incluyendo el jefe de la policía.
Y en la comunidad hispana en el West Side de Kansas City, generaciones de residentes que fueron conmovidos por el trabajo de Arce se hicieron visibles para apoyar a la familia, incluyendo el evento masivo de recaudación de fondos el mes pasado en el Guadalupe Center, el edificio histórico sobre la avenida Cesar E. Chavez.
Siendo hispana y policía, Sidenstick, de 45 años, es miembro de dos de los grupos que corren más riesgo de ser infectados de COVID.
El virus ha sido el agente número uno de muertes entre policías por más de un año. Americanos de origen hispano, entre tanto, corren más riesgo de ser hospitalizados o de morir de COVID-19 en parte por factores sociales: falta de acceso a asistencia médica y alta exposición al virus a través del trabajo que ellos realizan.
Pero otro factor sobresale: ella no se había vacunado.
“Estaba indecisa para vacunarme”, dijo, “porque la vacuna fue desarrollada muy rápido”.
Pero ahora planea vacunarse en las próximas semanas.
“Desearía haber tenido la vacuna para que esto no hubiera pasado”, dijo Sidenstick. “Pero en aquel entonces, estaba asustada”.
Ella fue hospitalizada a finales de enero, después de que se enfermara con el virus por segunda vez. Despertó del coma en febrero, semanas después de que el sacerdote le diera los santos óleos.
“Mi último recuerdo es que el doctor me dijo que estaba muy enferma”, dijo recientemente en entrevista telefónica desde su cuarto del hospital.
Ella sabía que una enfermedad de COVID-19 podía ser mortal. Había leído los artículos. Observó las fotos de los hospitales abarrotados y los doctores estresados. Ella vio los videos de los pacientes que habían estado en condición grave.
“Nunca pensé que esto me iba a pasar a mí”, dijo Sidenstick. “Nunca pensé que iba a estar en estado de coma”.
Fuera ya de peligro, su familia y sus amigos expresaron alivio por su recuperación milagrosa. Sin embargo, todavía queda mucho tiempo para su recuperación completa.
Ella va a necesitar varias semanas de terapia física para recobrar su fortaleza. Es el primer paso sobre lo que los doctores consideran una recuperación que tomará varios meses.
Ya iniciada su rehabilitación, ella depende de su familia y sus simpatizantes en el KCPD y en el West Side de Kansas City.
“Ellos dieron la cara por mí y estoy muy agradecida por estar aquí y tener una segunda oportunidad en la vida; además, por estar con mi familia y con mis hijos”, dijo Sidenstick.”
El largo camino al KCPD
Cuando Sidenstick estaba en la escuela preparatoria, ella sabía que quería ser policía.
Quería trabajar con jóvenes y niños en riesgo de caer en la delincuencia. Durante su adolescencia, ella conoció a niños que tenían problemas. Pensó que podía aconsejar a esos chiquillos.
Después de graduarse de Oak Park High School, Sidenstick fue a la Universidad de Missouri-Kansas City para estudiar la carrera en justicia penal. Pero pasarían más de 10 años antes de que pudiera colocarse su placa de policía. Algunos eventos en su vida ocurrieron.
Unos meses antes de su primer año en la universidad, ella y su esposo recibieron la noticia de un embarazo.
Tuvo su primer hijo, Benito, durante su primer año de estudios universitarios. Sin embargo, el cuidado de su hijo no la detuvo para ir a clases. Las veces que no pudo llevarlo a una guardería, Benito fue a clases con ella y se sentaba en el escritorio junto a ella. Si empezaba a llorar, ella lo llevaba al pasillo hasta que se calmaba.
Después de 10 años como madre, ama de casa, y empleada en el periódico de su papá, Sidenstick regresó a su sueño de trabajar como policía. Sus primeros trabajos fueron en Clay County, en la Universidad de Missouri-Kansas City y en Blue Springs. Empezó a trabajar con la policía de Kansas City después de ayudar a rescatar a varias personas de un incendio en el 2012.
“Yo la apoyé desde el primer día”, dijo Arce. “La única cosa es que, cuando se graduó de la academia de policía, la abracé y le dije: Habría deseado que te hubieras inscrito al ejército porque así solo me tendría que preocupar por cuatro o seis años, no por el resto de mi vida.”
Era imposible saber que el peligro más grave para Sidenstick iba a ser un virus que nadie conocía.
‘La vamos a perder’
Empezó con un dolor de garganta. Después llegó lo siguiente: dolor de cabeza, tos y problemas para respirar. Hasta que, de repente, “sentí que me iba a morir”, dijo Sidenstick.
Sí, estaba muriendo.
Ella fue al hospital a principios de enero. Confirmaron que tenía COVID-19. Se había enfermado antes, en los primeros meses del 2020, y después de ese episodio empezó a usar un inhalador, algo que nunca había necesitado.
En el hospital, los doctores le dijeron que tomara agua y la mandaron a su casa. Ella no mejoró.
Unos días después, todavía con dificultades para respirar, ella decidió checar el nivel de oxígeno en su sangre usando un pulsioxímetro. Un nivel inferior a 90% requiere atención médica de inmediato.
Su nivel estaba en 53%.
Asustada, le dijo a su esposo que se vistiera y la llevara a la University of Kansas Health System, que estaba a 24 minutos de su casa en Gladstone.
En el camino, Sidenstick jalaba aire con dificultad. No podía respirar. No podían llegar al hospital contemplado. Su esposo tomó un desvío al North Kansas City Hospital, que quedaba 10 minutos más cerca.
Mientras se le asignaba un lugar, ella trató de hablar por teléfono con su familia, compañeros de trabajo y amigos para avisarles de su condición. Pero eso empezó a ser cada vez más difícil, como si se tratara de un ejercicio físico.
“Requería demasiado esfuerzo para respirar”, dijo su hermana, Rachel Rodriguez.
A finales de enero, su familia recibió una llamada a las cuatro de la mañana avisando que la estaban transfiriendo a la unidad de terapia intensiva. Allí, los doctores conectaron a Sidenstick a un ventilador y realizaron una traqueotomía para enseguida dejarla en estado de coma inducido.
El hospital no estaba permitiendo visitantes a la unidad de terapia intensiva. Su familia no la podía ver durante uno de los momentos más angustiantes de sus vidas.
“Pensamos que la íbamos a perder”, dijo Arce, sus ojos llenos de lágrimas recordando ese momento. “Creo que es lo más difícil que ha sucedido en mi vida”.
Por las próximas semanas, lo único que podían hacer era rezar.
Un día, Arce estaba tan desesperado que entró al hospital para tocar las paredes de los pasillos. Era una forma de sentir cerca a su hija.
La familia y amigos empezaron a rezar un rosario por las noches por videollamadas.
La condición de Sidenstick empeoró.
“Cada vez que hablábamos con los doctores parecía que el pronóstico no era bueno”, dijo Rodriguez. “Ellos nunca pensaron que ella iba a mejorar. Es como si nos estuvieran preparando para el peor escenario”.
Cuando la familia finalmente pudo ver a Sidenstick en el hospital, dijeron que su cuerpo se veía hinchado. “Su piel estaba seca, como el cuero,” dijo Arce.
Sus hijos venían para ponerle su crema favorita en sus pies y brazos para que estuviera hidratada. Aunque todavía estaba dormida, su familia llegaba y hablaba con ella.
‘Sigamos viendo por nuestra gente’
Durante los meses que ella estuvo confinada a la cama del hospital, sus compañeros de la policía de Kansas City la apoyaron de la mejor forma que podían.
Como ella no estaba trabajando, no estaba recibiendo dinero. Entonces, la policía compró tarjetas de regalo para los supermercados para ayudar a su familia. Incluso, unos oficiales donaron sus días de descanso.
“No escuchas muchas historias de gente estando en un respirador por varias semanas y recuperándose,” dijo el jefe de Sidenstick, Captain Jennifer Jones. “Nos dio en verdad miedo y teníamos este sentimiento de impotencia porque no podíamos hacer nada en la estación de policía. Estamos acostumbrados a involucrarnos y ayudar con nuestras manos. Pero con esta situación, en la cual ni la podíamos ver, uno realmente se sentía impotente”.
Jones no conocía a Sidenstick bien porque apenas había pasado a ser su supervisora. Pero después de que Sidenstick se enfermó, empezaron a textear y su relación cambió.
“Nos volvimos buenos amigos”, dijo Jones.
“La policía tiende a cuidar y a ayudar a nuestros compañeros cuando cualquiera de nosotros necesita ayuda,” dijo ella. “Es cuando nos unimos. Es cuando hacemos nuestro mejor esfuerzo”.
COVID ha afectado de forma grave a la policía en el área de Kansas City. Un oficial del KCPD, que nunca fue identificado por el departamento, murió del virus en junio.
En octubre, Freddie Castro, un policía del departamento de Overland Park, murió de COVID después de estar cinco semanas en el North Kansas City Hospital. No estaba vacunado.
COVID-19 sigue siendo la causa de muerte líder entre los policías en activo a lo largo del país.
De los 85 oficiales que han muerto este año, 50 han muerto de COVID-19, según el Officer Down Memorial Page. El año pasado, 419 oficiales de policía fallecieron de COVID.
El KCPD, el departamento más grande en toda el área metropolitana con 1,221 oficiales, no mantiene datos internos sobre infecciones de COVID-19 o tasa de vacunación, comentó Capt. Leslie Jones, vocera del departamento.
Los oficiales tampoco reciben pruebas para el virus con frecuencia, dijo ella, pero a los oficiales se les recomienda que sigan las sugerencias de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Apoyo del West Side
David Tinoco, presidente del Greater Kansas City National Hispanic Heritage Committee, estaba desconsolado cuando se enteró de la condición de Sidenstick.
Él ha conocido a su papá la mayoría de su vida. Su hermano mayor, Albert, creció con Arce en el West Side de Kansas City. Tinoco vio como la estatura de Arce en la comunidad cambió: primero, siendo un camarógrafo en una estación de televisión, después como reportero que producía reportajes sobre personas hispanas en el área metropolitana hasta que, finalmente, en 1996, fue el fundador de KC Hispanic News.
“Él nunca pidió un favor de regreso”, dijo Tinoco.
En la estación de televisión, Arce se había dado cuenta de que los reportajes sobre la gente latina e hispana eran superficiales. No eran profundos. Él sabía que podría hacer más para representar mejor la experiencia de los hispanos en Kansas City. Él sabía que su comunidad merecía más.
Uno de los reportajes que hizo fue sobre Primitivo Garcia, un inmigrante mexicano que murió de un balazo en 1967 mientras estaba protegiendo a una maestra de Westport High School. El reportaje de Arce ayudó a que se reconociera a una escuela con el nombre de Primitivo Garcia.
“Si no conoces las opiniones de la comunidad latina, no vas a tener una buena idea de quiénes son y de lo que representan”, dijo Arce. “Hay muchos latinos que están dejando su legado en esta comunidad y en nuestra sociedad, y yo quiero que la gente esté consciente de eso”.
Durante la pandemia, COVID-19 ha devastado a las comunidades hispanas en todo el país. La tasa de muerte de hispanos en Kansas City es superior a las tasas para residentes negros y blancos.
Para Tinoco, era importante hacer algo para ayudar a Sidenstick. Junto con miembros del comité hispano, él organizó una recaudación de fondos para apoyar a su familia.
El evento ocurrió en el Guadalupe Center, en su edificio histórico de la avenida Cesar E. Chavez. Se vendieron casi 1,500 platos de comida a $10 por plato. Todo el dinero se fue a Sidenstick y a su familia.
La recaudación de fondos juntó a las dos comunidades que apoyaron a Sidenstick, con Capt. Jones, su jefa, y Rick Smith, jefe del KCPD, presentes.
Sidenstick no pudo ir. Ella todavía estaba en el hospital, pero habló con los invitados por medio de su teléfono desde su cuarto. Para ella, eso fue algo que casi la desbordó de emoción.
Arce recuerda que, mientras pasaba entre varias mesas, saludando y abrazando a la gente, él estuvo a punto de decidir que no se hiciera el evento. No le gusta llamar la atención a él o a su familia.
“Estoy acostumbrada a dar, pero no a recibir”, dijo Arce. “Eso es parte de nuestra cultura, ayudar, no hay otra forma de decirlo. Es parte de nuestra cultura”.
De cualquier modo, estaba sorprendido por la cantidad de gente que hubo.
“No te das cuenta cómo impactas a la gente”, dijo Arce. “Viendo, no solo gente de Missouri, pero también de Kansas, participando en la recaudación de fondos. Es algo que unifica a la comunidad… Nunca lo voy a olvidar”.
Empezando de nuevo
Cuando Sidenstick despertó en febrero, no podía hablar. Casi no se podía mover. Se comunicaba con su familia y las enfermeras usando movimientos de los ojos y su cabeza.
Rodriguez, su hermana, le dio una tabla y un plumón para que pudiera anotar sus respuestas, pero solo podía escribir una línea ondulada.
Parte de su recuperación ha afectado sus emociones y su orgullo. Antes de su enfermedad, estaba acostumbrada a hacer ejercicio tres veces a la semana, haciendo pesas y ejercicios cardiovasculares. Pero, ahora, las tareas simples son arduas.
Al principio, como no pudo estar parada por mucho tiempo, tenía que lavarse los dientes mientras estaba acostada en la cama de su hospital. También tuvo que usar un pañal para adultos.
“Como un bebé”, dijo Sidenstick. “Estás empezando de nuevo”.
Ahorita, Sidenstick usa una andadera para caminar. Perdió casi 30 libras y no puede subir las escaleras sin quedarse sin aire. Usa un tanque de oxígeno cuando está paseando.
No se acuerda de mucho y le dan ataques de tos, unos tan fuertes que a veces vomita.
Planea regresar como policía, ha dicho. Pero eso va a depender de su condición física y cómo sus pulmones se recuperan.
Sidenstick salió del hospital el miércoles en una silla de ruedas, con porras de su familia y de miembros de la policía.
Su segundo hijo, Anthony Martin, la ayudó a tomar el asiento de su carro negro, con el tanque de oxígeno a su lado. La policía la acompañó a su casa.
En su hogar en Gladstone, Sidenstick no había dado los seis pasos para llegar a su puerta cuando fue recibida por su papá, por Capt. Jones, por Maj. Kari Thompson y por la detective LaSonia Whaley, quien es una de sus mejores amigas y fue parte de su clase de graduación de la academia de policía.
Para Sidenstick, el futuro va a involucrar muchas semanas de terapia física: levantando pesas ligeras, subiendo escaleras y aprendiendo a escribir de nuevo.
Ella sabe que va a ser un camino largo. Pero, mientras, está contenta de poder entrar por la puerta de su casa otra vez.